Adaptación y mitigación a cambio climático

 

La agricultura no sólo es una actividad fundamental en riesgo por los efectos del cambio climático. También hace una importante contribución al cambio climático mismo, pues es la actividad humana con el mayor impacto sobre los recursos de la tierra y el agua. Cerca de 1.600 millones de hectáreas de tierra cultivable (alrededor del 12,5% de la tierra no congelada) se utiliza para la producción de cultivos, además de los 2.500 millones de hectáreas dedicadas al cultivo de pasturas.

El sector consume grandes cantidades de agua; para el año 2010, más de 300 millones de hectáreas de tierra cultivable estaban bajo irrigación, representando el 70% de la extracción de agua fresca para actividades humanas.

La agricultura es responsable por un 25% de las emisiones de CO2, un 50% de las emisiones de metano, y más del 75% de las emisiones de óxido nitroso. A pesar de ello, es uno de los pocos sectores que pueden contribuir tanto a las emisiones de GEI como a la mitigación y secuestro de carbono, a través de buenas prácticas productivas.

Impacto

El abordaje de agricultura sostenible propuesto por RAS se enfoca en la construcción de agro-ecosistemas resilientes al cambio climático y la reducción de los impactos negativos de las actividades agrícolas y pecuarias en el ambiente mediante:

  • la promoción de prácticas agrícolas y de conservación que restauran e incrementan los sumideros de carbono naturales y artificiales.
  • la oferta de soluciones para minimizar y compensar las emisiones de GEI, al implementar sistemas para el manejo responsable de fertilizantes y plaguicidas, la reducción en el uso de combustibles fósiles y subproductos, y la incorporación de energías renovables en los sistemas productivos.
  • la diversificación de los agro-ecosistemas para mejorar su capacidad de adaptación a la variabilidad de los patrones climáticos.
  • el fomento de prácticas de manejo de suelos que contribuyen a la productividad y disminuyen la presión de las actividades sobre los recursos del suelo.
  • el mejoramiento de la eficiencia en el uso de agua a través de mejores prácticas de manejo que también reducen la vulnerabilidad a la variabilidad de las condiciones de disponibilidad de agua.
  • el fomento del uso de sistemas de monitoreo de clima y análisis de tendencias para reducir el riesgo asociado a la variabilidad climática.
  • la evaluación de las prácticas de manejo pecuario para posibilitar su adaptación y una reducción de su vulnerabilidad.
 

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