Es hora de reconocer los límites de la certificación

 
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A principios de 2017, la RAS decidió que dejaría de trabajar n certificación agrícola. En realidad, fue una decisión bastante fácil y directa. Después de trabajar con esta herramienta durante más de 20 años, pudimos mirar hacia atrás y concluir que la certificación no era la mejor manera para mejorar la sostenibilidad de la mayoría de los productores en el mundo, especialmente al considerar los enormes desafíos que enfrentamos por el cambio climático, la pobreza, la deforestación, contaminación del suelo y del agua y violación de los derechos humanos.

Eso no quiere decir que la certificación creíble ya no tenga un papel importante. En nuestra historia, hemos visto muchos impactos positivos de la certificación para los trabajadores, los productores y el medio ambiente. Pero también llegamos a reconocer cada vez más las limitaciones de la certificación como herramienta para impulsar el cambio en los sistemas de producción agrícola a gran escala.

En nuestra opinión, hay cuatro principales limitaciones interrelacionadas de la certificación en la agricultura:

Complejidad

Las normas de certificación tienen un alto grado de complejidad pues tratan de cubrir una amplia gama de problemas. En la práctica, esto significa que la brecha entre la realidad de los productores y lo que exige la certificación es, en la mayoría de los casos, demasiado amplia. La mayoría de los agricultores en el mundo carecen de los recursos técnicos y financieros para poder cerrar esta brecha. A lo largo de los años, hemos visto que esto afecta especialmente a los pequeños agricultores en cultivos como té, café y azúcar.

Relación costo-beneficio

Desde tarifas por el uso de un sello o etiqueta hasta costos de auditoría, la certificación agrícola puede ser un ejercicio costoso. La mayoría de las veces, las auditorías de certificación se realizan como un ejercicio policial, que aporta poco valor directo para el productor. La cuestión de los costos impulsa la certificación de productos de alta gama y mercados en países desarrollados, que generalmente pueden absorber mejor el aumento en el precio de las materias primas. Un ejemplo de esto es el café, para el cual la certificación puede ser factible para los productos premium de mayor nicho, pero no tan atractivo para el mayor volumen utilizado en las categorías más sensibles al precio. Otro es el arroz, un alimento básico en gran parte del mundo en desarrollo, donde la certificación es prácticamente inexistente.

Escalabilidad

La alta complejidad y el costo dificultan la capacidad de una certificación creíble para escalar e ir más allá de la penetración de dos dígitos bajos en un sector determinado. Un estudio publicado a principios de este año por el Centro de Comercio Internacional contiene información interesante sobre la disminución de las tasas de crecimiento de los cultivos con mayor penetración en el mercado, como el cacao y el café.

Efectividad

En nuestra experiencia, la certificación ha demostrado tener una efectividad limitada para lidiar con algunos de los problemas más difíciles de resolver que vemos en la agricultura, como el trabajo infantil, la pobreza, el acoso sexual, la salud y otros. En algunos casos, estos son problemas estructurales más grandes, para los cuales una solución impulsada por la cadena de suministro por sí sola no funcionará. En algunas otras situaciones, la naturaleza integral de la certificación a menudo significará que los auditores no tienen la experiencia necesaria o no pueden dedicar el tiempo suficiente para descubrir problemas que no son inmediatamente visibles, y la certificación termina describiendo erróneamente la realidad sobre el terreno.

Las limitaciones anteriores significan que la certificación funcionará para fincas que ya están razonablemente bien administradas, que tienen acceso a los recursos, que tienen mercados que pueden valorar mejor sus productos y tienen estructuras de gobierno local que funcionan bastante bien. Estas condiciones son muy específicas y no son la realidad en la que viven la mayoría de los productores del mundo.

El mundo está percibiendo un nuevo sentido de urgencia con respecto a cuestiones sociales y ambientales clave. Cada vez más empresas se comprometen a eliminar las peores formas de impacto ambiental o violaciones a los derechos humanos de sus cadenas de suministro. Muchos de ellos también tienen compromisos de sostenibilidad más amplios, pero cada vez se reconoce más que la sostenibilidad es un viaje a largo plazo y que primero deben centrarse en eliminar las peores prácticas integradas en sus productos, como la deforestación, el trabajo infantil o la esclavitud moderna. Considerando sus limitaciones de escalabilidad y efectividad, la certificación agrícola no será una herramienta eficaz para abordar estos problemas sociales y ambientales clave.

Es hora de reconocer más claramente que la certificación tiene un papel limitado para resolver los desafíos de sostenibilidad que enfrentamos en la agricultura. Si estamos realmente interesados n transformar esta actividad debemos concentrarnos en resolver los peores problemas primero y en lograr soluciones a gran escala. La RAS se está uniendo a algunos que ya han hecho esta transición y alentamos a otros a hacerlo también.

 
 
Andre de Freitas