Producción ganadera sostenible: por qué los programas de certificación tienen un alcance limitado y hacia dónde se debe avanzar

 
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La producción pecuaria es, por mucho, el mayor usuario antropogénico de la tierra, y dentro de este sector en general, la producción ganadera emerge como el producto que ha recibido la mayor atención por su impacto ambiental, debido a la evidente contribución agregada que ésta hace a temas de interés global como el cambio climático y el uso de la tierra: para el año 2013, se contabilizaban más de 1.500 millones de bovinos (la especie dominante en el uso de la tierra), y se estimaba que las cadenas de suministro de carne bovina emitían alrededor del 40% de las emisiones totales de la producción ganadera, con un pico en aquellas zonas donde se producía ganado en tierras recién deforestadas.

La producción ganadera ha recibido una constante atención y criticismo por cuestiones relacionadas con la salud pública e inocuidad de los alimentos, la contaminación producida por los sistemas de producción intensivos, el bienestar animal, y porque el incremento de la producción y la expansión se consideran como una de las principales causas de deforestación, particularmente en algunas regiones de América Latina. Por ejemplo, en países como Brasil, hasta un 75% de la deforestación está asociada a la ganadería, un porcentaje muy preocupante si se considera que el país tiene una de las mayores tasas de deforestación en el mundo.

Para abordar todas estas inquietudes, se han desarrollado una gran cantidad de intervenciones diseñadas para la mejora de la sostenibilidad de las cadenas de suministro de carne de res, entre ellas los esquemas de certificación voluntaria que apuntaban especialmente a reducir la deforestación. Sin embargo, muy pocas de estas iniciativas fueron lo suficientemente amplias para cubrir todos los desafíos de sostenibilidad asociados a la ganadería, y después del éxito inicial de la certificación voluntaria, el progreso hacia una ganadería sostenible se estancó.

Hablando en términos prácticos, la producción ganadera sostenible requiere de cambios significativos en los sistemas de producción actuales, y esto resulta particularmente difícil para los productores ganaderos porque significa que deben cambiar varias prácticas profundamente arraigadas –muchas de las cuales tienen un trasfondo cultural–, y porque la mayoría de las fincas ganaderas alrededor del mundo son sistemas de baja productividad con un uso ineficiente de la tierra y los recursos, como resultado directo de sistemas de gestión de bajo costo.

Desde hace un buen tiempo ya, los esquemas de certificación han estado debatiéndose entre el establecimiento de altos estándares dirigidos al logro de impactos más significativos, o el establecimiento de barras más bajas para tratar de incorporar al mayor número posible de productores. Considerando esto, la relación costo-beneficio asociada a la certificación voluntaria a veces es difícil de determinar y, en algunos casos, los costos son muy altos para ser asumidos por los productores. Además de ello, los ganaderos no siempre reciben incentivos directos o indirectos para adoptar la certificación y los cambios que esta requiere, pues la demanda de carne bovina certificada es muy específica para ciertos mercados (la mayor parte de los cuales ya están cubiertos), y en muchos países la mayoría de la producción se consume domésticamente y es muy poco probable que los consumidores –especialmente aquellos de países en desarrollo– paguen un sobreprecio por productos certificados.

Por otra parte, y debido a que las cadenas de suministro ganadera son bastante únicas y complejas, la poca flexibilidad de los esquemas de certificación dificulta su adaptación a esta complejidad. La certificación requiere del rastreo del origen del animal y su cadena de suministro, pero la trazabilidad es muy complicada y muchas veces es prácticamente imposible determinar el origen de los animales y sus sub-productos. Los productores de carne bovina están muy fragmentados, pocas fincas saben con exactitud de dónde proceden sus animales (especialmente en aquellos sistemas dedicados a las etapas de engorde), y aún menos consumidores pueden estar seguros del origen y cadena de los productos que obtienen; lo que significa que, por ejemplo, un animal que ha nacido en tierras reciente o ilegalmente deforestadas, puede terminar siendo vendido como “certificado”. Además, la adopción de soluciones de “talla-única” para todas las operaciones ganaderas del mundo pasa por alto el hecho crítico de que el éxito de cualquier mecanismo para la sostenibilidad de la ganadería depende no solamente del diseño de dicho mecanismo, sino también del contexto político, social y económico en el cual se implementará.

En una esfera global donde el consumo de carne bovina proyecta un incremento gradual durante la próxima década, la conciencia ambiental y social está aumentando, y se necesita de cambios significativos en los sistemas de producción de carne bovina para lograr mejores niveles de producción frente a la amenaza del cambio climático, la producción ganadera sostenible representa una gran oportunidad para alimentar al mundo y al mismo tiempo preservar los recursos naturales de los que depende el planeta.

Sin embargo, el progreso hacia la sostenibilidad en el sector ganadero requiere de estructuras más flexibles que se adapten localmente y que puedan responder tanto a las necesidades de los productores ganaderos como a las expectativas de sostenibilidad de mercados cada vez más exigentes. Las iniciativas de ganadería sostenible deben proveer la posibilidad de interactuar con otros esfuerzos y sectores y de adaptarse a la gran diversidad de intereses, prioridades y capacidades de cada finca o grupo de fincas específico, sin perder de vista los objetivos comunes establecidos para el desarrollo sostenible global.

En estos términos, los enfoques basados en resultados pueden ofrecer a los productores, cadenas de suministro e incluso consumidores, la posibilidad de decidir sus acciones futuras basados en las condiciones particulares para la producción, definir prioridades y metas, y asignar sus recursos en consecuencia y de forma eficiente para abordar los desafíos específicos de cada contexto.  La sostenibilidad de la producción ganadera ya no es una opción, sino una necesidad.